carta del director
Los blogs, la mejor guía
JUAN SALGADO
Oexceso de engreimiento o falta de conocimiento. El caso es que para los gallegos la apreciación de pertenecer a una de las tierras donde mejor se come es una verdad irrefutable que, por demás, se ve corroborada por el sentir mayoritario de los españoles todos que han tenido la ocasión de degustar nuestras mejores viandas.
En las páginas de Análisis se aborda hoy el número de restaurantes existentes en los 25 municipios de Tierras, relación que no deja de ser un mero enunciado estadístico y que en todo caso sirve para que, agregados por primera vez en ese específico ámbito geográfico, nos formemos opinión más cabal de la relevancia de un sector que, junto con el del hospedaje, conforma más del 10 por ciento del PIB gallego.
La información se completa con un somero repaso a lo que esa misma realidad muestra a través del prisma de las Guías especializadas de gastronomía. Y es aquí justamente donde se evidencia la paradoja comentada al principio, ya que ese unánime reconocimiento de la calidad de nuestros productos no se corresponde con la valoración que los expertos hacen de nuestra cocina, a la hora de elaborarlos y presentarlos. Quizá, cabría añadir, ni falta que hace. Porque todavía está por inventarse una mejor forma de comer un erizo de mar o una almeja que no sea precisamente saboreándola tal y como se extrae de su habitat natural y en ese preciso momento.
Pero es indudable que la gastronomía es todo un arte, una emergente cultura y, además, un extraordinario negocio en toda sociedad desarrollada. Por eso sería petulancia y necedad rehusar las potencialidades que proporciona.
Y en ello andan quienes hace ya algunos años fueron abanderados de esa nueva forma de hacer y quienes sabiamente supieron continuarles. Como también las escuelas de hostelería extendidas por toda la geografía gallega formando profesionales que, sin embargo, aún prefieren aventuras foráneas para su profesión. Eso perdemos. Pero ellos y una más formada opinión pública contribuyen cada vez más a la valoración de la excelencia como complemento para unos productos sin par. Una opinión pública que, por demás, está empezando a usar Internet también para la expresión de sus sentimientos y afinidades gastronómicas. Si lo hacen con el compromiso que implica ese voluntario “Código Cocina” nacido por estas tierras en blogs ya de indudable valía, la próxima referencia a considerar no serán las viejas guías al uso, sino la valoración más democrática por participativa, más libre por independiente y más exacta por proximidad de esos blogastrónomos.